La Colonia Güell: modernismo obrero
septiembre 16, 2011 by Cristina Canaveras
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El arte de Gaudí llega más allá de las fronteras que delimitan la superficie de Barcelona-ciudad. Aunque se trata de la provincia de Barcelona, en el municipio de Santa Coloma de Cervelló podemos hoy en día visitar una de las colonias obreras más importante de Cataluña, no por su tamaño, nada comparable a otras emplazadas a lo largo del curso del río Llobregat, sino por el arte arquitectónico que en ella podemos encontrar.
Se trata de la Colonia Güell, una colonia obrera que a la vez constituye un conjunto modernista que, junto a los destacados monumentos y edificios barceloneses, representa uno de los más valiosos exponentes de este movimiento artístico en nuestro país y también fuera de nuestras fronteras.
La Colonia Güell fue propiedad de Eusebi Güell, un industrial de familia pudiente que había hecho fortuna en Cuba y que aprovechó dicha fortuna para invertirla en el sector industrial. A diferencia de otros patrones de colonias obreras –es por todos sabido las pésimas condiciones laborales y de vida que predominaban en estos complejos – , Eusebi Güell intentó mejorar la vida de sus trabajadores dotándoles de equipamientos culturales y religiosos, así como procurando que tuvieran mejores condiciones sociales.
Culturalmente, Güell se esforzó para que en la Colonia Güell se introdujera la corriente modernista, ejerciendo de una especie de mecenas de la cultura que le valdría para que su colonia, siglo y medio después, fuera reconocida incluso internacionalmente.
De hecho, la Colonia Güell presumió de ser diferente a las otras desde el primer momento que empezó a formarse. Fue en 1890 cuando Eusebi Güell decidió trasladar la industria textil que tenía en el barrio de Sants de Barcelona hasta su finca. El motivo por el que cambió su ubicación fue el de apartarse de los conflictos sociales presentes en la ciudad; razón por la que, también, las casas de obreros quedaron situadas justo al lado de la fábrica de la Colonia Güell. Un hospital, una fonda, escuelas, teatros, capilla y comercios era de lo que disponían los obreros más allá de sus propias viviendas y la fábrica, lugar que daba sentido a toda la colonia.

Pero si por algo hoy sigue siendo visitada la Colonia Güell es por su iglesia, o mejor dicho, por su cripta. Y es que Güell encargó a Antoni Gaudí la construcción de la iglesia, aunque éste sólo finalizó la cripta, una edificación que sería predecesora de lo que posteriormente Gaudí iba a levantar en pleno centro de Barcelona: la aún inacabada Sagrada Familia.
En la cripta, no obstante, Gaudí ya incorporó todo lo que posteriormente añadiría a sus otras obras. Tanto en el mobiliario como en los elementos ornamentales, Gaudí dejó grabado su incomparable estilo, haciendo uso de sus propias innovaciones arquitectónicas como el arco de catenaria o los procesos de fusión del edificio con la natura del exterior.
Gracias a esta obra, la Colonia Güell fue declarada Bien de Interés Cultural en 1990 y actualmente, aunque constituye un pequeño núcleo urbano con apenas 750 habitantes –la fábrica cerró finalmente en 1973- sigue siendo lugar de peregrinaje de muchos amantes del modernismo que están de paso por Barcelona.
La Pedrera y su espectáculo de jazz nocturno
agosto 22, 2011 by Cristina Canaveras
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Dicen que por la noche es como mejor podemos admirar un lugar, disfrutar y sentirnos parte de él. Si bien es cierto que la luz nocturna es escasa, insuficiente para observar muchos detalles, el aura de la noche hace especiales otros, impregnándolos de magia bajo un cielo oscuro e irradiado por pequeñas, medianas estrellas y la luna, un espectáculo sin igual cuando ésta se encuentra completamente llena.
En Barcelona, en mayo se llevó a cabo una jornada especial para todos sus museos, pues se permitió la visita a ellos de forma gratuita en horario de tarde-noche, desde las siete hasta la una de la madrugada. Sí, hace ya un tiempo de esto. ¿Por qué lo comento? Por la sencilla razón de que este verano otro museo, y de manera exclusiva, también abre las puertas prácticamente cada noche, aunque con fines y medios totalmente contrarios.
Sin enmarcarse en ningún acontecimiento de noches gratuitas en museos, la Pedrera –Casa Milà- a diferencia de otros establecimientos no cierra una vez el sol se despide del día. Y es que, a pesar de que por las mañanas la Pedrera sigue abierta para todo ese tipo de público que quiere conocer por dentro los secretos de la obra de Gaudí, por la noche este museo cambia de rol y se prepara para ser escenario perfecto para un concierto de música.

Está claro que las dimensiones del edificio no dejan de ser bastante reducidas para un concierto. Sin embargo, éste no nos lo debemos imaginar como el gran acto en el Palau Sant Jordi, principal sala de conciertos de Barcelona. En la Pedrera lo pequeño adquiere un valor desmesurado, y es que su terrado, acogedor y artístico hasta el último metro cuadrado, acoge un recital de música jazz que no deja a nadie indiferente.
De hecho, esta semana se han publicado los primeros datos sobre estas visitas nocturnas a la Pedrera, organizadas por la Obra Social de CatalunyaCaixa. Las cifras, realmente positivas: en sólo seis fines de semana de lo que llevamos de verano, 4500 personas han podido disfrutar de la experiencia, en la que se incluye una visita al Espacio Gaudí, ubicado en las golfas del edificio. Se estima, además, que en caso de seguir con el mismo ritmo –que parece ser que así ocurrirá- el 27 de agosto se habrán pasado ya los 7000 visitantes.
Para los amantes del jazz, escuchar este género musical en directo es todo un placer. Hacerlo, además, de noche y con la Pedrera como escenario debe ser algo difícilmente explicable con palabras. Admirar, de paso, la Barcelona nocturna iluminada es un coctel que pocos deberían perderse. Eso sí, a diferencia de la noche de los museos, esta entrada es de pago (25 euros), un precio más que razonable para una experiencia como ésta.
Fotografía de Dani Álvarez en Flickr
La señorial Plaza Real barcelonesa
agosto 1, 2011 by Cristina Canaveras
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Pasear por el casco antiguo de la ciudad de Barcelona es toda una experiencia. Algunas calles y plazas desconocidas aparecen de repente como de la nada, sorprendiendo al turista que no espera encontrarse espacios como los que conforman el barrio más histórico de la capital catalana.
Una plaza que quizás es bastante conocida aunque no la más popular entre el sector turístico es la Plaza Real de Barcelona (Plaça del Rei, en catalán). Seguramente no se encuentra entre las primeras páginas de las guías turísticas puesto que en cuestión de plazas, la de Cataluña –que marca el centro exacto de la Ciudad Condal- o la plaza España –de la que ya he hablado en más de una ocasión- la preceden en importancia y en popularidad.
Sin embargo, y quizás por ello posee tanto encanto, la Plaza Real se descubre casi sin quererlo, paseando entre las estrechas callejuelas que bajan perpendiculares a las transitadas Ramblas de Barcelona. Su nombre ya nos adelanta el porqué de su tamaño: la plaza se nombró así porque se quería dedicar a Fernando VII con el objetivo de enaltecer la monarquía, y es que además éste reinó durante el tiempo que duró su construcción. En un principio, también, se había pensado ponerle el nombre de “Plaza de los héroes españoles”, aunque el tiempo y el proceso absolutista del rey hicieron eliminar cualquier atisbo de relación con el liberalismo.

Fue por el primer tercio del siglo XIX que se comenzó a plantear la idea de construir algún teatro o unas galerías en el espacio que había quedado después del desmantelamiento del convento de Santa Madrona. Después de que se construyera el gran teatro del Liceu, se descartó la propuesta de crear un teatro, por lo que al final acabó prevaleciendo la idea de construir una plaza.
La Plaza Real es la única plaza porticada de la ciudad. Mientras que antiguamente la gente que vivía alrededor era de clase más bien alta, en la actualidad el público que se puede ver por ella es tan heterogéneo como bares se encuentran en ella. Y es que las terrazas bajo los arcos caracterizan la Plaza Real y la convierten en un lugar ideal para ir de tapas. Los fines de semana, por otra parte, pueden verse reuniones de coleccionistas tanto de monedas como de sellos.
Y si es el arte tu gran pasión, la fuente situada en medio de la plaza, llamada “Las Tres Gracias”, merecerá unos segundos de observación por su singular belleza. Asimismo, las farolas son obra de Antoni Gaudí, con las que pretende enaltecer los valores y las tradiciones catalanas.
Una exposición con la que redescubrir Barcelona
julio 22, 2011 by Cristina Canaveras
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Desde hoy hasta el 11 de septiembre los barceloneses y turistas en la capital catalana que lo deseen podrán visitar otra exposición muy ligada a lo que Barcelona representa. Arquitectónicamente, la Ciudad Condal es una de las más atractivas, pues el estilo modernista impregna cada rincón de la localidad catalana.
Así lo entiende el artista francés Jean-François Rauzier, quien inaugura hoy su primera exposición en España. Con esta muestra, llamada ‘Voyages Extraordinaires Barcelona’, el francés reinventa los lugares más emblemáticos de Barcelona.
Rauzier es pintor pero también fotógrafo que ha retratado en su exposición aquellos rincones y pequeños tesoros de Barcelona, llenándolos de elementos fantasiosos y oníricos, pues la ciudad es un pequeño paraíso de los sueños.

Las obras se expondrán simultáneamente en el Museo Diocesano y en la Villa del Arte Galleries de Barcelona. Para visitar el primer museo, la mejor opción será coger el metro hasta la parada ‘Jaume I’, de la línea amarilla. En poco más de cinco minutos llegarás hasta la primera de las exposiciones, ubicada justo al lado de la Catedral de Barcelona. Para ver la exposición de la Villa del Arte no tendrás que ir tampoco muy lejos. Desde la misma estación de metro ‘Jaume I’ y bastante cerca de la primera, encontrarás esta muestra que complementará a la primera.
¿Qué podemos ver en estas dos exposiciones? Pues, por ejemplo, una obra del Palau de la Música Catalana en la que Rauzier incluye imágenes de compositores y músicos de todos los periodos, desde los más modernos como Lady Gaga hasta Ray Charles, pasando por Michael Jackson. La Pedrera también está incluida en la muestra, queriendo con ella ensalzar el valor de la naturaleza en la ciudad.
“Veo a turistas delante de la Catedral o de la Sagrada Familia que hacen cientos de fotos y ni siquiera se paran a ver qué están viendo. Mi trabajo es justo lo contrario”. Estas palabras resumen brevemente el objetivo de la exposición. ¿A qué esperas para descubrir, o mejor dicho, redescubrir, la Barcelona más mágica?
Fotografía de la fachada del museo Diocesano en Wikipedia
Conoce la hora con el reloj bifilar de Bogatell
julio 15, 2011 by Cristina Canaveras
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Las playas no son únicamente lugares a los que acudir para disfrutar de un refrescante baño. La de la Barceloneta, la de la Villa Olímpica o la de Bogatell: las posibilidades de visitar un pedacito de costa en la capital catalana son muchas. Sin embargo, ¿sabías que podemos encontrar obras insólitas y desconocidas a pocos metros del mar? En la última playa citada, la de Bogatell, podemos encontrar un ejemplo de ello. Se trata de un reloj de sol que sorprende no sólo por su situación sino por la sobriedad y funcionalidad del mismo.
Se le conoce como reloj de sol bifilar y está construido con hormigón y acero inoxidable. Con una base circular de casi 7 metros de diámetro, el reloj no sólo funciona para medir la hora en la que nos encontramos, y es que también sirve de calendario de meses zodiacales.
Diseñado por Rafael Soler Gayà, el reloj de sol bifilar de la playa del Bogatell fue colocado en el emplazamiento actual en el 1993. Esta fecha es importante puesto que se trata de pocos meses después de la que para Barcelona ha sido la mayor fiesta celebrada en la ciudad: los Juegos Olímpicos del 92’.

El Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambientes patrocinó, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, el reloj de sol bifilar. El ejecutor de la obra fue, en cambio, la empresa Fomento de Construcciones y Contratas, que acabó levantando un reloj solar moderno muy poco frecuente.
Como reloj solar que se trata, la sombra que proyecta es la que marca la hora. Además, se trata de un reloj bifilar, por lo que la hora exacta viene dada por el punto de corte de las dos sombras que se mueven en la superficie del reloj con el paso del tiempo. Los elementos que marcan estas sombras son una recta horizontal norte-sur, situada a dos metros de altura, y una parábola este-oeste, con un vértice a un metro de altura.
Justo al lado del reloj, en el que por cierto podemos leer ‘Temps vertader’ (Tiempo verdadero, en catalán), se habilitó en 1992 un espacio para el aterrizaje de helicópteros de emergencias. Aunque en el espacio, que en un principio estaba despejado, se han puesto sillas de hormigón y demás elementos, la ‘H’ sigue sin borrarse y aún es visible por todo aquél que camina por la zona.
El monumental Arco de Triunfo barcelonés
julio 13, 2011 by Cristina Canaveras
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¿Se construyó antes el Arco de Triunfo de París o el de Barcelona?
Hace ya un tiempo, cuando España empezaba a salir del largo letargo de la dictadura, se decía que la ciudad española más europea era Barcelona, pues el vanguardismo y el ambiente liberal de la capital catalana empezaban a ser un distintivo de ésta. Dejando el periodo de transición a un lado, los paralelismos con las grandes ciudades europeas vienen de muy lejos y más de un lugar de la Ciudad Condal puede recordar a algún que otro rincón de la geografía europea. Es el caso de uno de los monumentos más significativos de Barcelona: el Arco de Triunfo (Arc de Triomf).
Sin duda al contemplarlo de cerca se nos viene el que probablemente sea el arco de triunfo más famoso del mundo. Es el de París, con unas medidas absolutamente inconmensurables, construido por Napoleón en 1806 para conmemorar la victoria de sus ejércitos. El de Barcelona, en cambio, fue levantado ochenta y dos años más tarde, con motivo de la Exposición Universal de 1888, convirtiéndose en la puerta de acceso al recinto ferial.

El Arco de Triunfo está ubicado en la confluencia entre el paseo de Lluís Companys y el paseo de Sant Joan. Se encuentra, pues, en un lugar bastante céntrico al que es posible llegar mediante gran variedad de transportes públicos. Además de las diferentes líneas de buses que atraviesan la ciudad, la parada ‘Arc de Triomf’ de la línea 1 de metro será la mejor opción para llegar en pocos minutos desde el centro de la ciudad. Además, la estación de RENFE del mismo nombre deja muy cerca del monumento, pudiendo coger cualquiera de las siguientes líneas: R1, R3, R4, R7.
Obra del arquitecto Josep Vilaseca i Casanovas, el Arco de Triunfo destaca a metros de distancia por el color rojizo de su ladrillo, de estilo neo mudéjar. Este estilo, que era muy habitual de la época, también incorporó elementos como los relieves escultóricos de la parte superior, un friso en el que la escultura de Josep Reynés da la bienvenida a las naciones del mundo “Barcelona rep les nacions” (Barcelona recibe las naciones).
Éste no es el único elemento escultórico destacable. En la fachada posterior, la obra de Josep Llimona representa la entrega de galardones a los participantes de la Exposición. Unas alegorías a la agricultura, la industria, el comercio y el arte, así como el escudo de España y de las diferentes provincias españolas, completan la totalidad del Arco de Triunfo.
Planes en Barcelona para una noche de verano
junio 29, 2011 by Cristina Canaveras
Filed under Barcelona, Que visitar, Turismo
¿Te vas a quedar en casa?
El verano ya llegó y las altas temperaturas no hacen más que confirmarlo. A estas alturas muchos ya tendrán su viaje planeado; otros, en cambio, se resignarán un año más a quedarse en la ciudad, pues la economía a veces no permite excesos como éste. No obstante, no viajar no debe significar perder el verano, y es que se puede disfrutar de igual modo con la oferta cultural de muchas ciudades. En ellas, la noche adquiere un principal protagonismo, pues se trata del momento del día más fresco y en el que pueden realizarse, a pesar de lo que pueda parecer, un sinfín de actividades.
Museos, playas, espacios al aire libre….: Barcelona guarda múltiples rincones en los que disfrutar de una tarde o noche de verano, bajo el caluroso cielo catalán. Un ejemplo que no suele ser característico de grandes ciudades aunque sí se ha ido expandiendo por éstas es el cine al aire libre, a lo que en la Ciudad Condal suelen llamar ‘cinema a la fresca’ (cine al fresco). Así, con la llegada del verano la capital catalana se convierte en una gran sala de proyección. Y es que en distintos lugares de la ciudad se proyectan películas, a veces grandes clásicos, otras películas recién estrenadas. Los escenarios son múltiples: desde una pequeña plaza de barrio hasta una golondrina, observando la filmación con el sonido del mar de fondo.
Otra opción más fresca es pasar parte de la noche en buena compañía y junto a alguna de las fuentes mágicas de la ciudad. La fuente cibernética de Can Fabra en el distrito de Sant Andreu o la del Parque Josep Serra Martí, en Nou Barris, son un ejemplo. Sin embargo, no nos podemos olvidar de las fuentes de Montjuïc, un espectáculo único en España en el que la música, el agua y los colores se unen a partes iguales.
Y de nuevo, volvemos a mirar al cielo. Y es que el Observatorio Fabra, en el Planetario de Cosmocaixa, o el Parque de Collserola, son lugares idóneos para mirar los astros. Bien equipados y con las explicaciones de un experto, no habrá mejor manera de disfrutar de una calurosa noche de verano que observando el firmamento de Barcelona. Y es que actividades culturales como ésta cada vez ganan más adeptos, sobre todo si pueden realizarse por la noche como en este caso.

Por último, y aunque son muchas más las actividades que pueden realizarse en Barcelona por la noche, una opción es montarse en un alternativo bus turístico que te conducirá por esos lugares de interés barceloneses iluminados por la noche. La Sagrada Familia, la Torre Agbar o la Casa Batlló son joyas arquitectónicas de día y bellos espectáculos luminosos de noche.
Santa María del Mar, gótico en estado puro
junio 20, 2011 by Cristina Canaveras
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Un ‘best seller’ en la realidad
‘La Catedral del Mar’ es un libro de Ildefonso Falcones que vendió más de un millón de ejemplares y fue traducido a distintas lenguas hace varios años. De gran éxito, la novela tenía como protagonista una basílica, más concretamente la construcción de la misma, una iglesia que podemos encontrar tal cual se explica en el libro en el barrio de la Ribera de Barcelona. Es Santa María del Mar, considerada la única gran iglesia gótica catalana perfectamente acabada.
Santa María del Mar fue levantada durante prácticamente todo el siglo XIV –se empezó a construir en 1329 y se acabó en 1383-. Los entonces ‘arquitectos’ fueron Berenguer de Montagut y Ramon Despuig, siendo el primero el diseñador principal de la basílica. En este emplazamiento, no obstante, existió previamente una pequeña iglesia que dató incluso del año 988, construida sobre un templo paleocristiano anterior.
Se sabe actualmente el inicio de las obras de construcción de Santa María del Mar por las inscripciones de las lápidas del portal de las Moreras, que indican el día exacto, tratándose de un 25 de mayo del año 1329. La primera piedra la colocó el entonces rey Alfonso el Benigno y desde el primer momento se acordó que la obra sería destinada únicamente a los feligreses, los únicos responsables materiales del templo. Fue toda la población de la Ribera, el barrio de Barcelona donde se ubica Santa María del Mar, la que acabó participando en el proyecto, trabajando duro para concluir la más bella obra gótica de la época.

Parte de la piedra con la que se levantó la basílica fue extraída, como hemos ido viendo en la mayoría de grandes monumentos de la ciudad, de la montaña de Montjuïc. Ya en el siglo XX su interior fue asaltado y destruido en 1931, teniéndose que restaurar en 1967. Entre los 80 y los 90 la Generalitat de Cataluña restauró cubiertas, vidrieras y otros elementos decorativos que incluso ya habían sido dañados en 1714. No obstante, desde 1923 la iglesia de Santa María del Mar posee el título de basílica menor, concedido el por el Papa Pío XI después de haberlo hecho con la Catedral de Barcelona y la Basílica de la Mercè.
La austeridad de la fachada se contrapone con la luz conseguida en el interior, donde las tres naves parecen una sola, resultando ser un espacio diáfano iluminado mediante óculos abiertos entre la nave central y los laterales. Visitada hoy en día por feligreses y no feligreses, esta basílica es una de las maravillas arquitectónicas de Barcelona, otra más para apuntar a la lista de rincones que uno no puede perderse si visita la Ciudad Condal.
El Liceu, el teatro de la burguesía catalana
junio 13, 2011 by Cristina Canaveras
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¿Qué diferencia el Liceu de los otros teatros de ópera?
Alguna vez hemos hablado de teatros y de la arteria barcelonesa con más escenarios por metro cuadrado: el Paral·lel. Sin embargo, quizás el más representativo o popular de Barcelona no se encuentre en esta zona sino en pleno centro de la ciudad, en la vía catalana más transitada de la Ciudad Condal. Es en Las Ramblas donde, majestuoso, se alza el Gran Teatro del Liceu, un teatro de ópera que abrió sus puertas el 4 de abril de 1847, siendo aún en la actualidad un edificio reconocido y apreciado en muchos lugares del país y del exterior.
Un sistema totalitario permitía en 1750 que el Teatro Principal de Barcelona monopolizara, gracias a privilegios reales, toda la ópera de la ciudad. Una vez éstos se perdieron, un batallón de la Milicia Nacional creó en 1837 el Liceo Filodramático de Montesión con el objetivo de promover la enseñanza musical y la ópera entre los alumnos.
En 1838 se representaría la primera gran obra importante, ‘Norma’ de Bellini, interpretada por artistas catalanes aunque con repertorio básicamente italiano, tal y como dictaba la moda. Con el tiempo, el Liceu tuvo que cambiar de emplazamiento –antes situado por el conocido ‘Portal de l’Àngel’- para ubicarse definitivamente en Las Ramblas.

El responsable del teatro encargó así la gestión del mismo a Joaquim de Gispert d’Anglí, comportando esto que a diferencia de otras ciudades europeas en las que los teatros de ópera eran obras a cargo de la monarquía, el Liceu se hubiera construido gracias a las aportaciones de accionistas. Además, esto tuvo una cierta repercusión ya que la misma reina Isabel no quiso participar en la construcción y, por lo tanto, al nuevo edificio le faltó desde un principio un palco real.
Finalmente el arquitecto fue Miquel Garriga i Roca y su construcción costaría 338.029 duros, cifra que se considera poco elevada en esa época. La financiación corrió a cargo de personas que adquirían un palco en propiedad, convirtiéndose en un teatro de la burguesía y no de la realeza. Tanta es la importancia del Liceu que incluso en el momento de la inauguración se convirtió en el más grande de Europa, teniendo una capacidad para 3.500 espectadores en cinco pisos más una platea.
En 1893, el Liceu vio como el impacto de una bomba tirada en su platea causaba la muerte de 20 personas. Más adelante, al inicio de la Guerra Civil española, el Liceu fue expropiado y convertido por las autoridades republicanas en Teatro del Pueblo Catalán. Una vez recuperado por los antiguos propietarios en 1939, el Liceu volvió a sufrir un incendio –ya había habido otro en 1861-, esta vez en 1994, sufriendo entonces una remodelación que lo convertiría en uno de los teatros más modernos del mundo. A pesar de estas desgracias, el Liceu ha sido escenario desde hace más de 150 años de las mejores obras interpretadas por los más prestigiosos cantantes de todo el planeta.
La Pedrera, la culminación de la obra gaudiniana
abril 20, 2011 by Cristina Canaveras
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A veces pensamos que hay que irnos lejos para observar bellezas arquitectónicas que no tenemos en nuestra ciudad o localidad. No obstante, Barcelona si de algo puede presumir es de su arquitectura modernista, siendo una de las capitales con más ejemplos de ella y muchas veces por ello visitada. El passeig de Gràcia –principal arteria modernista de la Ciudad Condal- cuenta con obras absolutamente impresionantes. La Pedrera –o la Casa Milà, como se prefiera- es quizás el mayor ejemplo de edificio modernista barcelonés y uno de los grandes símbolos de la capital catalana.
Construida entre el año 1906 y el 1910, La Pedrera fue la última obra civil diseñada por Antoni Gaudí, el mayor arquitecto modernista jamás conocido. Su nombre –Casa Milà- proviene de la persona que encargó la obra a Gaudí, el señor Pere Milà i Camps y su mujer, Roser Segimon i Artells.
La que ahora es considerada una de las mayores construcciones de la ciudad, en su momento fue desprestigiada por ciudadanos y medios de comunicación, que se mofaban de la obra llamándola ‘Pedrera’ por parecer únicamente un bloque de piedra. Las discrepancias también llegaron entre los Milà y Gaudí, llegando incluso a los tribunales por una discusión de honorarios.

“La arquitectura es arte, la mecánica es el esqueleto, pero le falta la carne que da armonía, o sea, la forma que envuelve, y una vez obtenida, la armonía tendrá arte”. Esto decía Gaudí y sin duda el arquitecto catalán envolvió de la mejor de las maneras La Pedrera, concibiendo la casa como una curva constante, desde el exterior al interior, incorporando elementos de geometría reglada y naturalistas. La Pedrera, de 1323 m², es el resultado de dos edificios que se estructuran en torno a dos patios que iluminan los nueve niveles.
En su momento, la polémica que surgió a raíz de la construcción de La Pedrera, aunque no justificada, podía entenderse: unas formas atrevidas y onduladas modelaban la fachada de piedra mientras que los hierros forjados retorcidos decoraban balcones y ventanas. Sin duda rompía con la armonía de l’Eixample catalán y la convertía en una obra innovadora por contar con una estructura de columnas y plantas libres de muros de carga.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, La Pedrera es un edificio que no debes perderte si estás de visita en Barcelona. Si lo haces, no deberás dejar de ver uno de los espacios más mágicos de la casa, la azotea. Las formas que allí se ven, de clara formación vanguardista, convierten la planta alta en uno de los lugares más fotografiados de La Pedrera. Por último, tendrás que prestar atención a las vistas del Passeig de Gràcia y el Eixample de Barcelona, puesto que es una de las más bellas de la ciudad.


